EL PACAYA SIN RUTA

Por Dani Campo, colaborador Style and Trend

Desde mi perspectiva el Parque Nacional Volcán de Pacaya es uno de los volcanes más fáciles de subir de Guatemala. Cuenta con gran riqueza natural y turística por lo que te recomiendo visitarlo. Si no cuentas con la condición física, no te preocupes, en el lugar brindan el servicio de subirte montando a caballo, claro, por un costo adicional que oscila entre 200 y 250 quetzales.

Pero esta nota es sobre la otra cara del Pacaya la parte donde no hay ruta. Esa parte donde es obligatorio contar con un guía local que te diga exactamente por dónde ir porque no hay camino. Es la parte donde los carros todo terreno sólo logran llevarte hasta la falda del volcán y de allí no pasan. Ese lado del volcán es real, por lo que te cuento cómo llegar: Normalmente uno visita el volcán por la entrada que esta entre Amatitlán y Escuintla. Pero la ruta que yo les contaré es otra. Se ingresa por Santa Elena Barillas en el km. 25 Carretera a El Salvador rumbo a Los Pocitos, Escuintla. Posteriormente pasarás por una granja de molinos de viento, detente a observarlos, son realmente impresionantes y majestuosos. Desde este punto comenzaras a ver el volcán a lo lejos. Continúa en la carretera con la ayuda de Google Maps o Waze ya que no hay señalización. Al llegar al pueblo te encontrarás con un redondel, cruza a la derecha y haz una breve parada en la tienda para comprar unas botellas de agua. Como dice el dicho preguntando se llega a Roma, te recomiendo que preguntes por la finca de Gil Barillas. Llegamos a un caminito estrecho de tierra rodeado de árboles. Al llegar al lugar este te recibirá con tremenda vista, nosotros no pudimos resistir la tentación hubo que hacer una parada para tomar la debida foto. En el sitio podrás apreciar también a los volcanes Agua, Acatenango y Fuego. ¡Totalmente espectacular! Pero como ese no era nuestro destino continuamos, ya que nos estaban esperando en la entrada de la finca para darnos las indicaciones y presentarnos al guía. Para poder ingresar únicamente debes realizar una pequeña compensación económica al dueño de la finca y claro al guía.

En este punto conocimos a Don Julio nuestro guía, empezamos a avanzar con el carro por un sendero que apenas se miraba, pero eran más claras las indicaciones del guía. El recorrido para llegar a la falda del volcán es arenoso lleno de piedras sueltas grandes y pequeñas así que si no se tiene cuidado te pueden dejar atrapado. Ya con el volcán cada vez más cerca, de nuestro lado izquierdo teníamos un río de lava (denominado así por mí) tuve que hacer una parada ya que la dimensión de esta lava seca era totalmente impresionante. Agarre camino y me sumergí dentro de este río negro. Lo hice de una forma lenta y cuidadosa porque la superficie es inestable, las rocas estaban solo sobrepuestas y un paso en falso ameritaba una buena caída. Logré adentrarme como unos 30 metros para lograr una foto 360o rodeado de lava y el volcán. El regreso lo hice de la misma manera, con mucho cuidado, pero está ves si pise una piedra floja y perdí el equilibrio, en ese momento tenía dos opciones o trataba de retomar el equilibrio con opción a caerme o tiraba mi peso hacia abajo sentándome y así lograr nivelarme. Tomé la segunda opción, pero sin contar que a la hora del sentón estás piedras cortan y hacen pedazos lo que tocan, mi pantalón sufrió una tremenda rotura a la par de la bolsa izquierda al ser rozado con las piedras. Había que iniciar la aventura, y que mejor teniendo aire acondicionado en el pantalón con tremendo calor que había en ese momento.

Ya en la falda del volcán llegó el momento de la verdad, el momento de la escalada. Lo único es que habíamos sido informados que lo íbamos a poder subir en carro. Pero no era así, por lo que no íbamos preparados para tremenda sorpresa e incluso llevábamos compañía perruna, un Pomerania llamado Lui. Al no poderlo dejar en el carro nos lo tuvimos que llevar. Así que un Pomerania subió el Pacaya, claro que cargado.

Cómo les había comentado no hay caminos ni senderos los cuales podamos seguir, así que hay que depositar la confianza en el guía, de que vamos por el lugar indicado. La primera parada la realizamos al poco tiempo de haber iniciado, nos topamos con unos cráteres y desde ahí ya se empieza a tener una vista hermosa y se aprecia el río negro de lava. En ese punto uno dice esto va a ser sencillo, en menos de una hora subimos y la bajada será más rápida, estaremos de vuelta en dos horas si mucho. Para todo esto ya eran las 10:30 am y habíamos empezado a subir tipo 9:45 am, y poco a poco se empezaba a poner más difícil la subida. Pero igual seguíamos, no les puedo decir que tan alto íbamos ya que no llevaba altímetro ni nada por el estilo, pero si en este punto después de los pequeños cráteres la vista no tuvo relevancia, hasta después de pasar un tiempo escalando nos paró el guía y nos dice “volteen su visita”. Aquí es donde ha se empieza a apreciar una vista impresionante. Una mezcla de montañas, arboles, molinos y el río de lava seca, sin lugar a dudas un momento espectacular. Pero a partir de este momento el camino cambio completamente y paso de ser un sendero empinado pero firme a un empinado resbaladizo de arena volcánica.

Mi peor pesadilla, era dar un paso y regresar tres. Aquí es donde empieza lo bueno. Lo que si me tenía impresionado es que el guía subía como que si nada, mientras uno peleando con el suelo, la gravedad, el viento, y demás, era complicado seguirle el paso. Incluso al quedarse parado uno se empezaba a deslizar hacia abajo, no había tiempo de descansar. Debo confesar que en momentos no importaba, las piernas pedían descanso. Otro factor importantísimo y que hacía más cansado el viaje, es que ya para este punto eran las 12:00 pm y no había ningún lugar de sombras, así que el sol en su máximo esplendor hacía de las suyas he irradiaba un calor increíble.

El viento en esa zona ayudaba cada vez más. Si van a realizar el intrépido viaje les aconsejo aplicarse una buena capa de bloqueador solar porque el sol sigue quemando, aunque no se sienta (se los digo por experiencia). Para la 1:30 pm ya solo llegué a la vista del cono. Mis piernas ya no dieron más, esto de escalar en arena volcánica bajo el sol y con el agua limitada no es de Dios. Pero aun así fuimos premiados con una vista espectacular rodeados de volcanes y montañas. Una recompensa inigualable y junto al viento te da un sentimiento de que vas volando. Nos encontrábamos a la altura en que vuela un águila y se lograba oír su chillido como si estuviera volando junto a ella. Un momento de conexión con la naturaleza muy bonito al estar arriba del Pacaya.

Ahora viene el momento del descenso…. Después de alimentarnos la vista con increíble paisaje y los pulmones con aire fresco es momento de regresar. Bajar el pedazo de arena volcánica se sintió como ir esquiando en la nieve, ahora si a sacarle provecho a la resbalada. Es una experiencia muy divertida, pero al terminar este pedazo empieza la parte dura porque ahora no es hacer fuerza para subir, si no de tener uno su propio peso y no bajar rodando (aunque hubiera sido más rápido). Pero antes de empezar este pedazo tuve que hacer una pequeña parada y limpiar mis zapatos de toda la arena y piedras que se me habían metido por la deslizada. Ya listo empezamos a bajar con cuidado ya que las piernas estaban cansadas y un tropiezo aquí significaría bajar rodando con unos cuantos buenos golpes, así que a paso lento empezamos a bajar, el calor regresó. Casi llegando al final, el último tramo lo baje por dónde habían unos pocos árboles para aprovechar la sombra y refrescarme un poco. Ya cuando llegue al carro antes de regresar descansamos en un pequeño trecho, nos rehidratamos y listos para terminar esta aventura. A todo esto ya eran las 3:30 pm y lo que iba a ser una aventura nada más de la mañana nos llevó casi todo el día. Fue una muy buena experiencia, que sin dudas repetiré.

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